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martes, 13 de diciembre de 2011

----DE MI BOQUITA... A LA TUYA... COMENTARIO DEL LIBRO "MÁQUINA DE MALDAD" DE GULIAN GUTIÉ Y OMAR XIANCAS

Lo fashion achorao y el desórden del género en “Máquina de maldad” by Gulian Gutié

Se lo tengo que decir de frente y sin máscaras a Giulian: nos estamos haciendo viejos. Es en lo único que puedo pensar luego de ver las dedicatorias de su libro. Menciona a Victor Ward y a Chloe, protagonistas de la novela más fashion escrita sobre la faz de esta cereza azul: “Glamourama” de Bret Easton Ellis. Dos modelos norteamericanos que están en el límite de ser jóvenes y de no serlo, de ser absolutamente bellos y de tener el alma tan degradada que hiede a cuadras. Dos personajes que son fashion –sí, como “Yo, Doherty” su primer libro– y que, de entrada, nos anuncian que este libro también lo será. Sin embargo, me atrevo a decir que lo fashion en “Máquina de maldad” ha evolucionado y se ha vuelto, lo que denomino como, fashion achorao. Me refiero con fashion achorao a un concepto de moda ética, incluyente (como lo es su blog de Street style y su ropa) pues utiliza los códigos estéticos de la moda tradicional (que es excluyente por asuntos sociales, económicos y –en el caso del Perú– fenotípicos), pero los trasgrede y los convierte en una herramienta incluyente que abraza a los que nunca han podido acceder a ella. Es decir, todos los que no pertenecemos al discurso hegemónico de poder nos reivindicamos a través de la moda achoraá de Gulian Gutié. Esta reivindicación que para algunos debe resultar vanal, cobra en el poemario diversas pertinencias y, en un punto que considero cumbre, llega a reclamar poder político como en los siguientes versos: “A Percy se lo llevó el cauce de peruanos endebles que niegan su país, porque un milico medio oscuro no le encaja a un terno Dior y menos a la banda de presidente, porque los cholos no usan Dior, ni Armani y hablan por I-phone”. Entonces, los cholos (por género, y vuelto a esto en un momento) no tenemos permitido usar marcas fashion europeas, pero si podemos trastocarlas y utilizar algo mejor, algo más fashion, algo más hermoso porque hermana, la moda achoráa de Gulian Gutié.
Lo del “achoramiento” viene más tangiblemente en las palabras (o mejor dicho, en la ortografía) que utiliza para construir este poemario. “Ya perdiste, brodere”, “estás equivocao”, “ja imbécil”, “Ja! Tómate un Xanax y se te pasa la webada” son expresiones a través de las cuales eclosiona lo “fashion”, causando lo que yo llamo como un “desorden de género”.
Quiero prestarme el concepto del “género”, digamos, sexual. El género son los roles diferenciados que la sociedad le impone a un individuo según el órgano sexual con el cual ha nacido. En Máquina de maldad, hay un fuerte quiebre entre la condición de un ser y la imposición social de roles que supuestamente debe asumir. El propio término “fashion achorado” es un oxímoron que ejemplifica el desorden de género. Los fashion no son achorados, en las convenciones sociales que manejamos.
En ese sentir, presiento que en la mayoría de casos, el yo poético se personifica en un sujeto femenino de barriga plana y piernas largas (cánones estéticos occidentales de Barbie), pero que asesina gatos (porque no puede asesinar niños) y habla como un adolescente varón lumpen. Es decir, es una modelo achoráa que, además, tiene un desorden de género porque por un lado es “marica” (por todas las convenciones sociales que relacionan el universo de la moda y el universo gay) pero que también descalifica cualquier actitud que convierta a los hombres, que parece odiar, en maricas. Sin embargo, mantiene “ciertos cánones” y desprecia a los que tienen el cutis maltratado y los llama “cara de kiwi”.
El desorden de género se expresa hasta en las flores pues ante el rol que la sociedad les ha impuesto, Gutié reacciona y dice que las flores son laxantes vinculándolas a los excrementos o, lo que es lo mismo, el mal olor.
Hay un detalle que me sorprende de la capacidad de Gutié como poeta y que se demostró magistralmente en Yo, doherty. Ella transita sin escollos entre voces de varones y mujeres. Su capacidad para escribir poemas desde un hombre es increíble, pese a que ella de lesbiana no tiene nada. Es así que sin dificultad alguna, se trasviste y le reclama a los “varones de pene” todo lo que no pueden hacer para superarla como una mujer que ha transfigurado los roles y los ha tomado como bastón de poder.
Como vemos, este desorden del género funciona también como un proceso de “desindentificación” de uno mismo y que, según Victor Vich en una reciente clase virtual de la PUCP, sería uno de los motores principales de la poesía universal: el hecho de estar intranquilo ante la “identidad” que nos ha impuesto una sociedad, pero que no hemos decidido.
Esto es claro, cuando el yo poético dice: “Odio a los poetas”. Se odia a los poetas a través del ejercicio de la poesía, es decir, se odia a uno mismo.
Por otro lado, quisiera hablar del diseño que, al contrario de la enunciadora de los poemas que va creciendo y –al parecer– haciéndose más fuerte mientras más maldad exuda, el diseño parece cada vez más desgarrado, cada vez más sangrante, cada vez más deshollado. La poesía crece, el diseño destripa y mata. ¿Hay entonces una relación entre lo que muere y lo que florece? Creo que sí, el yo poético se vivifica a través de la muerte o a través de la idea que tiene de lo que es la muerte. En el diseño también se fortifica la imagen de la mujer que enuncia los poemas, pues es bella, en el cuerpo, pero en su alma vive un monstruo. Sin embargo, todo no deja de ser estético y creo que gran parte del poder de este libro se debe también al talento de Omar Xiancas pues él le ha dado el olor a sangre, la sensación de la herida viva, el aliento asesino que a todos nos ronda la cabeza pero que pocos se atreven a materializar.
Por último, ¿por qué el título Máquina de maldad?
La máquina es algo que funciona, la mayoría de veces, perfectamente (así como debería funcionar el género relacionado al mundo fashion) pero que es asesina (es decir, siguiendo con nuestras éticas, algo completamente reprobable). Vemos pues, entonces, que en el propio título se repite lo fashion achorao y el desorden del género. Y, ¿qué mata la Máquina de maldad? Mata gatos que, literalmente, son los seres que abandonan, son los seres ruidosos y molestos del interior de uno que quizás chillan por tanta soledad que los rodean, porque la máquina de maldad odia a todo lo que le puede dar amor y lo mata. Entonces, hay un deseo doble pero contradictorio, quiere matar a lo que ama y también quiere matar a la soledad.
Las historias de amor le producen asco a la Máquina de maldad, pero también envidia y no le queda más que destriparlas. La máquina de maldad es una especie de un triste perro del hortelano que no ama –o más bien, se resiste a enamorarse–, pero que tampoco deja amar.




Jorge Alejandro Vargas Prado
Qosqo llaqtapi.
Diciembre, 2011.

domingo, 2 de octubre de 2011

----EL ELEGIDO DE JOHN MARTÍNEZ!!! EN LA FIL OH YEAH!


Sobre el Elegido de John Martínez

Recuerdo claramente haber conocido a John cuando escuché sus poderosos poemas en Caral. Un enorme círculo nos envuelve desde entonces y le estoy agradecido a la literatura por ello. Ahora, el interminable círculo de la cultura andina nos comienza a envolver a ambos. Las tradiciones que nos han heredado nuestros más antiguos seres son capaces de reinventarse y asumir nuevas vigencias, una prueba de ello es este poemario.

La impactante danza de tijeras es protagonista de este libro, pues en él se tejen historias donde claramente escuchamos el chasquido de los metales contentos, el arpa y el violín que se condensan y se presentan in crescendo hasta hacernos sucumbir en una magia multicolor. Con un ritmo solemne, más allá de las epifanías, a través de las páginas se nos describe rituales previos a la danza, lugares de iniciación y danzaqkuna ansiosos de vencer a la muerte o quizás al olvido de estas nuevas generaciones cada vez más plásticas y que saben cada vez menos de eso que llamamos espíritu, pues con el filudo bisturí de la poesía se reinventa y deconstruye nuestra tradición y, lo que es más importante, revive para todos.

¿Quién es pues, el Elegido?

El elegido es, ontológicamente, algo distinto. No es del todo divino, pero tampoco es del todo humano. Es alguien que puede detener el tiempo con la danza. Es un ser que puede provocar la lluvia alegre. Es paqcha, donde circula el agua que al mismo tiempo hace circular el mundo entero. Sin embargo, también es incendio. Es chakana, porque no sólo es nexo entre el hanan pacha y el kay pacha (y quién sabe si con el urin pacha) sino, como el propio libro, entre las generaciones, porque contiene la sangre que se mantiene y que se hereda, además es chakana entre el castellano y el quechua que hablo y entiendo y que, como todo en el libro, termina en el círculo de la herencia. El elegido es el que baila y que todo lo hace bailando. El elegido es un cuerpo que danza o, lo que creo que es lo mismo, hace poesía.

Aquí, entonces, la danza se ha traducido a la poesía y, hay que oírlo bien, por ello este libro termina siendo metadanza, porque, aunque suene a retruécano, la danza se explica a través de la poesía que también es danza. Y, para cerrar este círculo con el que hemos comenzado esta historia, esta danza regresa al Elegido y lo contiene. La danza es el hogar del elegido. La danza contiene al ser mitad divinidad, mitad hombre; porque el elegido existe a través de la danza, como el mismo Jhon lo explica: “Sólo el barro secado al sol moreno de mi camino/fogata de mi casa/canción” Y se reafirma con el siguiente verso: “Su casa son unas tijeras / la casa del danzante decora la intemperie y desnuda el frío”

Recomiendo a todo el libro de John Martínez porque su ritmo es como el río que corre entre las cumbres, pero que también vibra como las tinyas y como pinkuyllos. Porque es flexible como un puma de luz, pero también filoso como un hacha. Porque reinterpreta los órdenes, condensa las historias y las expande. Porque la poesía en el Elegido se hace carne que se viste con ropas tejidas con hilos de oro. Porque su poesía tiene el poder de los círculos y de las estrellas.

Jorge Alejandro Vargas Prado

Setiembre, 2011

----INDRAN AMIRTHANAYAGAM, CEILÁN Y CUSCO EN EL CORAZÓN


Sol camuflado o Sri Lanka en algún lugar del corazón

Levanté la vista / y vi el disco/ del sol camuflado/ en unas nubes pesadas/ como si estuviera/ envuelto en mortajas: así será el fin del planeta/ un lento deterioro, /el sol atrapado vierte/ una débil luz para espantar/ al último estertor del cuerpo/ yerto ya en su féretro.

Del poema “Puesta del sol sobre la feria del libro”

Comienzo con este poema por su poder. Y, porque además, es una buena excusa para empezar a conversar sobre Indran Amirthanayagam pues, aunque probablemente él no lo recuerda, yo lo conocí hace 2 años en la I Feria Internacional del Libro de Arequipa cuando estaba yo encargado del stand de editoriales independientes de Arequipa. Él era nuestro invitado internacional y estuvo firmando libros cerca del stand. Recuerdo claramente su abrumadora sencillez, su tolerancia, su paz, su sonrisa suave y al montón de niños que se acercaron a tomarse fotos con él y a pedirle autógrafos. Recuerdo claramente también, que mi amiga, la presentadora oficial de la FIL cuya voz se escuchaba en todo el recinto, tenía miedo de pronunciar mal su apellido y me pidió a mí que lo hiciera. Indran Amirthanayagam. Indran Amirthanayagam. Y es que, cuando uno lee su poesía en castellano, siente que tiene el mismo poder extraño de su nombre, casi el mismo ritmo, exactamente el mismo misterio, las mismas revelaciones que nos produce escuchar esas 20 letras muy en el fondo del alma.

¿Qué es lo primero con lo que nos enfrentamos en este nuevo libro de Indran? Nos cae de pronto un sol camuflado que puede significar varias cosas, desde las más obvias como el cielo nublado, o la noche rotunda, pero que para mí, luego de leerlo, significa el brillo escondido de los corazones que permanece allí, pese a todo y a todos.

Considero que este fascinante libro se construye sobre dos preguntas que casi sin darse cuenta va soltando un yo poético que es poeta, porque no todos los yo poéticos son poetas: ¿qué hace un poeta? y ¿qué es la poesía? Es decir, se nos presenta un yo poético que reflexiona a lo largo del libro sobre su ser y su quehacer.

Entonces, ¿qué es la poesía en “Sol camuflado”?

La poesía, nos dice el yo poético, es lo irracional, el otro lado de la razón, lo que va más allá de los órdenes, en especial de los órdenes occidentales (porque occidente es casi sinónimo de razón). La poesía es el ser amado, es la familia, es aquella cosa inefable que nos da la cualidad de pertenecer a algo, a algún lugar. La poesía son muchos lugares donde se habita, donde se existe, donde cada uno se transforma así mismo para, y nuevamente lo digo, pertenecer. La poesía, para el yo poético que Indran ha creado, es bastante mujer, pero también es río o mar (lugares que contienen al ser). La poesía se plantea en los insectos y en algunos animales mayores que son observados por el poeta, pero que también lo observan creando el eterno círculo de la revelación.

Entonces, ¿qué hace el poeta en “Sol camuflado”?

El poeta es el obrero del lenguaje, es el que conoce a la perfección su trabajo y permítanme saltarme un poco a eso que conocemos como realidad, pues es admirable la capacidad de los poetas políglotas. Indran nació en Sri Lanka, quizás con el tamil y el cingalés en los átomos, pero hablando también inglés. Viajó muy chiquito a Londrés y ya joven a Hawaii. ¿Cómo hace un poeta políglota para separar entre sí los universos de las lenguas en las que escribe? Tengo una terrible duda sobre si Indran realmente piensa en castellano para escribir en castellano porque su poesía resulta a veces tan perfecta, tan consiente del castellano que es para dudar. Su español me resulta extrañamente depurado, decorado de maneras etéreas, imperceptibles pero lo suficientemente fuertes para golpearnos. Tienen sus palabras un ritmo extraño, pausado, sencillísimo y que, de todas maneras, nos traslada a un mundo sin prisas. Esa característica de su poesía que no deja de llamarme la atención, pues son palabras muy cortas en versos bastante cortos, trasgrede ese nuestro invento, ese acuerdo que llamamos “realidad” y la desacelera, la transforma, la convierte de trepidante a algo que podemos disfrutar por completo. Es decir, el poeta, a un nivel que ya no sé si es de “yo poético” o de invención del yo poético o de poeta de carne y hueso llamado Indran Amirthanayagam, es capaz de cambiar nuestras maneras de sentir la vida. Pero para ello, como hace el poeta del libro de Indran, tiene que observar detenidamente su mundo para poder transformarlo. De ahí lo exquisito de la descripción de los poemas de este libro, pues Indran tiene la capacidad de nombrarnos lo cotidiano de una manera tan novedosa, con una maestría tan conciente del idioma castellano que nos estrella, nos paraliza.

Permítanme volver a dos cuestiones que he mencionado líneas arriba. La de la poesía como lugar donde se “pertenece” y la del ritmo extraño de los versos de Indran. ¿Acaso esa manera de escribir es reminiscencia del tamil o del cingalés? Pues esa cadencia me parece que se repite en su poema en francés que aparece en el libro. Estos versos tan pequeños son asoladoramente reveladores, porque la poesía no se entiende primero, se siente, o mejor aún se presiente. Y lo que yo siento al leer a Indran es la misma sensación que tuve cuando vi un extraño fenómeno romper armónicamente las olas del mar de Máncora por la noche, desde la arena, o cuando uno siente el viento en un lugar donde hubo una fiesta (como la primera FIL de Arequipa) y sólo queda la nostalgia. Definitivamente, la poesía de Indram tiene ese poder de dejarnos con la sensación de que se nos ha revelado algo, pero sin saber exactamente de qué se trata.

Creo que la poesía se hace desde donde pertenece el poeta. ¿Y a dónde pertenece el yo poético que ha creado Indran? Yo quiero creer que es de Sri Lanka, de Ceylán, de la lágrima de la India, de la isla de los mil nombres; o quizás viene de los lugares de México o Chile que se parecen a Sri Lanka, de allí los animales, de ahí el calor de los versos, de ahí las montañas-flores y ríos, de ahí el maravilloso ritmo, de ahí la aparente destrucción del orden occidental.

Sin embargo, Indran logra armonía. No sé cómo explicarlo, pero ese “revertir el mundo de occidente” con la poesía, deviene en belleza, deviene en poder, deviene en la comunión y el trabajo cooperativo de todas las poesías que Indran lleva dentro de la cabeza, de todos los Indrans, de todas sus ciudades, de todos sus lugares. Por eso le encuentro sentido a “Sol camuflado” porque Sri Lanka se ha transformado, se ha camuflado en algún lugar del pecho de ese yo poético al que temo todavía llamar Indran y que ha permanecido, poderoso y vivo durante todos estos años.


Cusco, setiembre del 2011

Jorge Alejandro Vargas Prado


----GRANDE ROSITA! NUESTRA PROFE COMENTA SOBRE LA ÚLTIMA REVISTA DE DRAGOSTEA





Estoy aquí para hablar de la revista Dragostea CMYK dedicada al tema del exceso, p


ero antes y quizá de una forma más testimonial quisiera hablar del grupo Dragostea que conocí aproximadamente hace unos cinco años atrás cuando María Miranda, Robert Baca y Jorge Vargas aún eran estudiantes de la Escuela de Literatura. Con ellos compartí más de tres años de mi vida universitaria y puedo decir que en ese lapso se fue generando un afecto especial, quizá no tanto por los conocimientos que intentaba transmitirles, sino porque poco a poco surgió un vínculo humano y afable propio de la labor pedagógica, relación que con el transcurrir del tiempo siento que se ha fortalecido.


El año 2009 participé en el comité editorial del primer número de la revista Espiral de la Escuela de Literatura y Lingüística. Ahí se publicaron los trabajos ganadores del Tercer concurso literario “Jorge Cornejo Polar” donde María y Robert estuvieron entre los premiados en ensayo y poesía respectivamente. Jorge también publicó un ensayo sobre la enseñanza de la literatura en el que con mucha espontaneidad reflexionaba sobre cómo a través de la literatura se puede adquirir una existencia verdadera, y en particular me llamó mucho la atención un curioso detalle que incluyó sobre los atardeceres grasosos de Arequipa que un cuento de su compañero Percy Prado le había permitido descubrir. Esta visión sobre la Literatura y la vida, tan lle

na de emociones, revelaba una sensibilidad y una peculiar forma de ver el mundo real por medio del mundo literario, y creo que esto era una característica común en todos integrantes: Vitalidad y sensibilidad, que desbordaban dentro y fuera de las clases. Por ejemplo, recuerdo una vez que al inicio de la calle Mercaderes encontré a María y Robert vendiendo al paso unos hermosos poemarios; esa imagen la asocié con una fotografía en la que Sartre y Simon de Beauvoir aparecían distribuyendo su periódico en las calles de París.

Cuando me pongo a pensar sobre mi vida universitaria de manera inevitable me viene a la mente el recuerdo de algunos alumnos que me han enriquecido no solo en el plano intelectual y académico, sino principalmente como persona, entre ellos ocupan un lugar especial este grupo conformado por María, Robert y Jorge. Y creo que lo más importante de toda relación humana se basa cuando nos reconocemos en el otro, es decir cuando encontramos una afinidad en los sentimientos, aunque no necesariamente en las ideas.

Entre las diversas publicaciones que ha hecho el grupo Dragostea, está la revista Dragostea CMYK. Confieso que siempre me inquietó el nombre y la verdad hasta ahora no sé exactamente qué significa. Pensé en la famosa canción “Dragostea din tei” y el acrónimo de los colores Cian, Magenta, Amarillo y Negro, pero sus correspondientes en inglés. Si fuera correcta mi interpretación diría que es una revista que rompe las fronteras del género y apuesta por la diversidad, no solo sexual sino también textual. Quizá sea un error de mi parte afirmar esto, pero por algunos trabajos anteriores que leí de ellos donde abordaban de manera directa el tema no creo haber cometido una equivocación. Y quizá también esto se reafirma en esta nueva versión de la revista, a partir del epígrafe de Marcel Schwob donde se alude a la inmensidad hormigueante del universo.

La revista Dragostea siempre ha organizado todos sus números en base a una temática, en este caso corresponde al tema del exceso. En el editorial dejan en claro que el exceso siempre se ha relacionado con el vicio, pero en realidad es una forma más de la manifestación de la vida, por ello asumen el exceso como la realidad llevada al límite. Aquí merece plantear una distinción importante: el límite y el exceso. Omar Calabrese, un teórico del neobarroco de fines del siglo XX y comienzos del XXI, dice que el exceso es la ruptura del límite. En la literatura se plasma en lo neobarroco, ahí los excesos conllevan a una heterogeneidad formal tanto de contenidos, formas y estructuras discursivas.

Me pregunto ahora, ¿rompen el límite los textos incluidos en este número de Dragostea? Mi respuesta se

ría la siguiente: No todos. Por ello voy a mencionar algunos de ellos que me han provocado cierto impacto. “Kunan Cristo” de Jorge Vargas es un relato que desde mi punto de vista rompe varios esquemas. Un Cristo crucificado, ensangrentado y andino pide que lo desclaven de su cruz y con voz de mujer anuncia: “Seamos todos cholos”, y luego es coronado con un chullo. La visión andina posmoderna que se desprende de este cuento creo que suscita en el lector replanteamientos sobre su percepción en torno a cuestiones religiosas, culturales y hasta éticas. El abrazo final que le hace el Cristo a la mujer dispuesta a lavarle los pies, tiene un hondo significado de reconciliación cultural.

El ensayo de María Miranda de manera más explícita aborda el tema del exceso a través de l

a reflexión que hace sobre la obra “La ciudad de los tísicos” de Abraham Valdelomar. El lenguaje poético neobarroco con que va analizando diversos pasajes de la obra, me ha hecho disfrutar de la belleza de las palabras cuando estas están donde deben de estar. Igualmente en el texto híbrido “La pesadilla de los árboles” de Robert Baca se produce una intertextualidad donde se conjuncionan poesía y narración. En particular, me agradó mucho la forma cómo inserta una noticia sobre el hallazgo de un cadáver en Arequipa y cómo presenta a Arequipa a través de las calles y lugares donde suceden los hechos. Asimismo, el poema “1903 (dimensión fractal)” de Martín Zúñiga concreta muy bien esta estética posmodernista del exceso.

Merece también destacar la convocatoria que han hecho para este número, ya que además de colaboraciones nacionales están presentes textos provenientes de escritores de Chile y México, como integrantes de esta generación de jóvenes que si bien no han pecado de exceso, sí han bordeado los límites de la imaginación.

Rosa Núñez Pacheco